Cada día que amanece, cosas nuevas aparecen

Hoy te voy a contar una leyenda que no es nueva sino que nace en el origen de los tiempos.
Es una leyenda de la tribu Macuxi original de la Amazonía brasileña, uno de nuestros pulmones del mundo que está en peligro debido a la deforestación, degradación de los bosques, incendios y otras amenazas que ponen en riesgo la biodiversidad y el equilibrio climático.

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CAPÍTULO 8. A lo Thelma y Louise

Una amistad de verano acabó dando forma a La Cultivada.
Mi amiga Laura y yo nos conocimos con catorce años en nuestro lugar de veraneo.
Me la presentó una vecina, con la que mi madre me empujó a salir ya que me pasaba las horas encerrada en mi habitación leyendo.
Ya sabes…ese tiempo larvario de la adolescencia en el que todo es tan raro.

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CAPÍTULO 7. Es tiempo de cultivarnos

El olivo…mirar un olivo nos hace brotar la gratitud. 
En Santa Ana, respiramos el alma verde de los árboles, los olivos, los granados, las higueras, las palmeras…
Cada olivo es una fuente y un diminuto clima local. El olivo sana, es un fármaco prodigioso.
Las arboledas, los árboles, son el gran patrimonio de la humanidad. 

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CAPÍTULO 6. El nombre que marcó un principio

Antes de instalarme en el sur, hice un periplo artístico, y visité a mi amiga Victoria Bermejo en Barcelona, escritora desde que amanece, bien temprano, cada día en su ático de la plaza Tetuán. Estaba rodeada de artistas e ilusión pero faltaba un nombre.

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Paté de tomate y alubias

Nunca llueve a gusto de todos.
La lluvia siempre fue mal recibida en la ciudad, y muy agradecida en el campo. 
Recuerdo cuando aparecía el hombre del tiempo en la TV y ponía cara de circunstancia mientras anunciaba la borrasca “este fin de semana tendrán mal tiempo… “
No hubo ocasión en la que mi padre no rebatiera el comentario.

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CAPÍTULO 5. El hombre que plantaba árboles

Antes de que existiera La Cultivada, hubo otra marca: Cortijo Arbequel. La creó mi padre. 
No tuvo paciencia para llevarla lejos, pero sí para plantar árboles, como el protagonista del cuento de Jean Giono. 
Y es que, aunque no lo fuera de puertas para afuera, mi padre también era un artista.

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CAPÍTULO 4. Lechuzízate

Por entonces, había vuelto de Brasil y reflexionaba sobre mi nuevo rumbo profesional.

Después de varios años de exótica naturaleza y exuberancia artística, veía mi tierra como una piel de toro…
Deseaba escribir, pero también tenía que ganarme el pan … y no sabía compatibilizar la creación con lo alimenticio, la escritura me transportaba a otra galaxia donde no había cuenta que pagar.

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