CAPÍTULO 8. A lo Thelma y Louise

Una amistad de verano acabó dando forma a La Cultivada.

Mi amiga Laura y yo nos conocimos con catorce años en nuestro lugar de veraneo.

Me la presentó una vecina, con la que mi madre me empujó a salir ya que me pasaba las horas encerrada en mi habitación leyendo.

Ya sabes… ese tiempo larvario de la adolescencia en el que todo es tan raro.

Ella era una polvorilla: inquieta, enérgica, muy vital y divertida.

Yo más bien tímida por entonces… Sin embargo, en seguida congeniamos y nos hicimos inseparables.

Laura se convirtió con los años en una gran directora de arte y, juntas, en su estudio del sevillano barrio del Arenal, dimos forma a las primeras etiquetas de La Cultivada y a la primera lata serigrafiada.

Nos decantamos por mi color favorito, ese azul-verde-agua que años después se puso tan de moda.

Como inspiración estética (eso que ahora llaman moodboard), esos tarros de las boticas de toda la vida, las láminas botánicas, los grabados antiguos de paisajes y animales que mi madre adoraba…

Contábamos con un nombre y con los dibujos a plumilla que había hecho Pedro.

Ah ¡y la lata! Nuestro primer envase sería una lata ¡algo insólito a la sazón!

Aún no existía en el mundo del aceite una tonalidad así, y menos en una lata, esos tonos pastel…

Es más, en la primera encuesta que hicimos, nadie se manifestaba muy entusiasmado, pero nos dio igual, seguimos adelante y nos lanzamos al vacío a lo Thelma y Louise.

Y así nació nuestra primera lata serigrafiada… que sirvió de inspiración para el resto…

¿La conoces?

 

Elena Vecino

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